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Opinion / Por Alejandro Quintana
Transición: Conducción  Y  Militancia


El tránsito de una determinada situación política hacia otra en condiciones diferentes, ni mejores ni peores, pero sí con desafíos distintos e inéditos en algunos casos, suele generar incertidumbre. No sólo alimentada por las especulaciones de los intereses contrarios al desarrollo normal de esa transición, sino por los propios actores de la misma que ante lo desconocido suelen perder el rumbo, que no figura en ningún manual ni en las viejas recetas que antes funcionaron.
Es en esas circunstancias cuando se pone a prueba la consistencia ideológica y la solidez política y conceptual del Proyecto que se dice encarnar, ante otra etapa histórica que se le abre al Movimiento Nacional en su tránsito hacia nuevas conquistas. Por ello lo fundamental, ante lo incierto del resultado final, es comprender antes de iniciar el derrotero por caminos no transitados previamente, que la ventaja de contar con una Conducción Estratégica es la herramienta esencial con la que habremos de enfrentar los nuevos desafíos.
Salvo para las nuevas generaciones militantes, jóvenes y otros no tanto pero que, a fin de cuentas, no tienen porqué cargar en sus mochilas los errores cometidos en etapas similares, la responsabilidad de esta transición recaerá con mayor peso en quienes sí vivimos otrora situaciones parecidas. Tropezar dos veces con la misma piedra sería imperdonable.
La Presidenta va a dejar de serlo dentro de dos años. Indefectiblemente su presencia física no va a estar atada ni a los tiempos ni a los espacios de gobierno del Estado Nacional. Cristina Kirchner, la misma pero a la vez otra, en ejercicio del liderazgo que supo construir a lo largo de estos años, deberá asumir definitivamente la difícil y compleja tarea de Conducir al Movimiento Nacional en el tránsito hacia su propia sucesión y en la etapa posterior a la misma. “No le arriendo la ganancia” diría el General Perón ante semejante desafío.
El 1º de Julio de 1974, él mismo se marchaba hacia el Comando Celestial que nos anticipara la inspiración de Leopoldo Marechal. El Pueblo argentino, “su único heredero” por designio del propio General, debió elaborar un largo y penoso duelo, no sólo por su muerte sino por la revancha oligárquica instalada en Marzo del 76 por el poder corporativo y financiero de ese entonces, y el Partido Militar que lo representaba al frente del Estado Nacional. Habrían de transcurrir más de 30 años en la reconstrucción de una nueva jefatura del Movimiento Nacional y del Peronismo en particular.

La Conducción

Néstor Kirchner fue el constructor de esta posibilidad que hoy se nos ofrece y Cristina su fiel depositaria. Hacer hoy lo que entonces, o no pudimos o no supimos interpretar que se debía hacer, aquellos que tuvimos esa responsabilidad militante, es a lo que no podemos ni debemos renunciar en las circunstancias actuales. “Los Pueblos no valen por sí mismos, sino por la calidad de los dirigentes que lo encuadran y conducen” no se cansaba de repetirnos el viejo Maestro, como anticipando nuestra responsabilidad de asumir esta misión.
Misión que, en las propias palabras de Cristina, nos transmite su mensaje de necesidad de sentirse acompañada, sostenida y respaldada por los viejos y nuevos soldados de una causa, que no es otra que la que quedara inconclusa en Julio del 74.
Mientras tanto, ya ha dispuesto otras fichas en el tablero de la transición. Si bien la esencia del Proyecto sigue siendo la misma, las etapas de consolidar para seguir profundizando y profundizar para seguir transformando, requiere de otros actores en roles específicos y otros protagonistas en sintonía con la estrategia de la Conducción. No existen, o son contados con los dedos de una mano, los cuadros políticos “generalistas” capaces de saber, comprender y ejecutar de todo un poco y a la vez.
La Conducción estratégica es una y requiere de las conducciones tácticas y operativas, no sólo que estén en sintonía con su pensamiento, sino en armonía con los tiempos y los espacios, físicos o políticos, en los que deben desenvolverse en el marco de las directivas impuestas. Esto no es nuevo, diríamos que es Perón básico, pero a veces algunos y algunas olvidan estas reglas y se presumen o indispensables, o por encima de las mismas y ya no resultan útiles al Proyecto de conjunto.
Aunque estas decisiones puedan resultar dolorosas en lo personal para quienes, y con todo derecho, se asumieron cofundadores de este proceso de cambio, la militancia peronista no debe olvidar que, en Democracia, lo único que importa es “ hacer lo que el Pueblo quiere y defender un único interés, el del Pueblo…”. Y en eso la Conducción es inflexible, y lo será más aún en las instancias decisivas que deberemos afrontar.
En el transcurrir de los próximos dos años hasta el fin del mandato constitucional de Cristina, en Diciembre del 2015, se habrán de librar sucesivas batallas por la institucionalización de este Proyecto nacional, popular, solidario y democrático.
Y en la realización de cada uno de esos cuatro adjetivos, con la implicancia profunda que conllevan los mismos, va a estar la clave no sólo de esta transición sino de la sucesión del mandato presidencial para la etapa posterior. A lo “nacional y popular” que significaron estos diez años de refundación de la Patria y su Movimiento histórico, con las conquistas y los logros que hoy disfrutamos y defendemos, habrá que incorporarle los elementos que transformen esta “democracia institucional” en una nueva Democracia, mas Social, mas Orgánica y todo lo Directa que la voluntad popular permita y desee.
Quien exprese estos valores y sea capaz de ponerlos en práctica; quien comprenda la calidad de la herencia y de la misión que se le confiere, y quien sea capaz de asumir el hecho de ser una parte fundamental, pero de un dispositivo mucho más amplio y que lo trasciende, será  aquel en quien la Conducción depositará la responsabilidad de gobernar en nombre de este Proyecto de Nación.

La Militancia
¿ Qué es, entonces, lo que la militancia y en particular la peronista debe asumir en estos tiempos por venir ?. Ante todo y por sobre cualquier otra consideración, que existe una Conducción Estratégica del Movimiento Nacional en la persona de Cristina Kirchner, que actúa y actuará con todo el poder que le ha sido conferido. Y a la Conducción se la acata en todas y cada una de sus directivas. Aún cuando las causas o efectos de algunas decisiones sólo se comprendan con el pasar del tiempo, debido a circunstancias que sólo quien conduce la estrategia puede prever o anticipar.
También deberá asumir su misión en consonancia con las directivas, expresas o no, que de la Conducción emanen.
Por ejemplo: los cien mil predicadores de su Doctrina y de sus realizaciones, que Perón nos requería que fuésemos los jóvenes militantes de sus últimos años en la Argentina, quizás sean los cientos de miles que hoy necesita Cristina para que encarne en nuestro Pueblo el destino de este Proyecto. No hay transformaciones posibles ni duraderas, ni una verdadera Revolución en paz que haga irreversibles esas transformaciones estructurales, si nuestro Pueblo no las encarna y las hace suyas. Y esto sólo se logra ejerciendo el poder que esos derechos y esas conquistas le van confiriendo.
La prédica, que no es sino la batalla cultural que permanentemente hemos venido dando los argentinos desde los albores de la Patria, contra el discurso único y hegemónico de la contracultura neocolonial, se puede ejercer de mil formas en la actualidad. La comunicación a través de los medios físicos o virtuales, es la tentación que el mercado y el avance tecnológico han puesto a nuestra disposición de un modo exacerbado desde los años noventa en adelante. Sin despreciar herramienta alguna que esté al alcance, todas son válidas en su justa dimensión y para los objetivos que se tracen, creo que la prédica militante y la organización del territorio están íntima e indisolublemente ligadas.
Así como las corporaciones mediáticas han creado y desarrollado un poder que surgido desde lo virtual, fue capaz de corporizarse y realizarse en el verdadero Poder de las minorías dominantes, y así llegar incluso a derrotarnos electoralmente más de una vez, el Poder Popular es incapaz de crecer y organizarse si el mensaje liberador no se instala en el territorio donde se convive.
Prédica y territorio, mensaje esperanzador y organización del espacio físico, militancia y testimonio concreto de la palabra que portamos, ése es el camino que conoció el Peronismo desde sus orígenes, del que nunca debió apartarse y al que le debe aún ser el Movimiento político más grande  del Continente de la Esperanza.
En conclusión, si la transición hoy está garantizada por una Conducción reconocida y aceptada, y la militancia organizada asume la misión que la conducción le asigne para la etapa por venir, sólo resta que los futuros gobernantes de este Proyecto entiendan de una vez por todas aquello de que "...nadie puede gobernar sin el concurso organizado del Pueblo...".