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Opinion / Por Alejandro Quintana
Acerca del Enemigo


Aunque parezca mentira, aunque vaya a contramano de lo que predican y aunque pareciera que los violentos o intolerantes siempre seamos nosotros, los campeones del republicanismo y los buenos modales, han desnudado en estos últimos meses la verdadera acepción del término "enemigo", del hostes en su raíz latina.
El enemigo, el verdadero, el real e irreconciliable es aquel que para poder ser y realizarse precisa que el otro no sea ni se realice. En otras palabras, o las mismas que ellos usaron en otra nefasta etapa anterior, necesita que el otro, el que se le opone, desaparezca o no exista como tal.
Y esto ha sido siempre así, desde las luchas emancipadoras por la unidad de los Pueblos americanos en épocas del coloniaje hasta nuestros días. Contra toda expresión de Gobiernos otrora Federales, luego de afirmación de los intereses y valores nacionales, y posteriormente de profunda identidad popular y democrática, a lo largo de nuestra historia como Nación fuimos el enemigo que había que desaparecer. Literalmente, cuando fuese posible, o desnaturalizando nuestra esencia cuando la domesticación de nuestros dirigentes así lo permitió.
Nosotros, sus enemigos, los Federales que fuimos derrotados por un Ejército Imperial en Caseros, o los Radicales derrocados un Setiembre de 1930 por el primer golpe con rostro militar y sostén cívico-oligárquico, o los Peronistas de otro Setiembre negro pero del '55 o los mismos del 24 de Marzo de 1976, siempre fuimos nosotros el obstáculo a remover como fuere.
Ahora, habría que preguntarse lo siguiente:
¿Qué los decidió a apretar el acelerador desde su "triunfo electoral" de Octubre pasado, si decían tener en sus manos casi el 70% del electorado? ¿Por qué el avance desenfrenado por múltiples frentes de ataque contra nuestras posiciones, si era cuestión de seguir desgastando y desgastando para que las peras maduraran por inercia camino al 2015? ¿O no estábamos en retirada y agotado nuestro Proyecto de Nación?
¿Saben qué? Los decidió lo que siempre supieron y nunca podrán admitir abiertamente. Que somos lo que ellos entienden sus enemigos, sus hostes, aquellos a los que sólo podrán derrotar al margen de la voluntad popular y a los que hay que desterrar, porque nuestra vida es la muerte política de ellos.
Hagamos memoria, simplemente memoria:
En Setiembre de 1975, cuando había transcurrido mas de un año de la desaparición física de Juan Perón, y el Gobierno democrático se debatía en la debilidad intrínseca de semejante pérdida y ausencia de Conducción Estratégica, también decidieron que el golpe tradicional, con el Partido Militar a la cabeza, era "inevitable y no podía demorarse más". ¿Qué los decidió en ese entonces si la debilidad gubernamental era evidente y el descontento popular, según ellos, cada vez mayor? Sencillamente cuando en tan sólo un año y pese a estar muerto Perón, se sancionaron las Leyes de Nacionalización de los depósitos bancarios, de Nacionalización de las bocas de expendio de combustibles, y en ese Setiembre del 75 se hizo realidad la actualmente vigente Ley de Contrato de Trabajo, se dieron cuenta que si seguíamos avanzando y consolidábamos lo hecho, el pellejo de sus intereses profundos era lo que estaba en juego. Decíamos en aquel entonces que parecería que "...muerto el perro no se acabó la rabia..." y no tuvieron más remedio que desnudar su rostro más sanguinario un 24 de Marzo del '76.
Y no me refiero al Partido Militar sino a sus mandantes de entonces. Los mismos de hoy y de siempre. Corporaciones, multinacionales financieras o industriales de ese entonces, e incluso comerciales como las agro exportadoras y desde ya las petroleras como también las mediáticas. ¿Les suena parecido o es una remakes de la eterna película?
Por eso es que, tanto Néstor en su momento como Cristina actualmente, no dejan de recordarnos, cada vez que recrudecen sus intentos y su desesperación, que no es por el Gobierno por lo que vienen sino por el Estado y por los Argentinos. Y que no es a causa de nuestros errores sino por nuestros aciertos, y porque en ellos ven  peligrar sus privilegios y tambalear sus posiciones dominantes.
No creen en triunfos electorales que les devuelvan el poder que se les fue licuando en estos diez años. No creen en las marionetas reaccionarias ni en los títeres revolucionarios que crearon y recrearon a lo largo de estos años para atacarnos desde la derecha retrógrada o desde la izquierda infantil y funcional. No creen en ninguno de los valores en los que cimentamos nuestro de Proyecto de Nación justa, libre, soberana, solidaria y democrática. No creen en los argentinos como Pueblo con unidad de destino; no creen ni quieren que Argentina tenga un destino de Integración con las Naciones hermanas y soberanas de nuestra América.
En verdad, en lo único que creen es en lo único que conocieron desde siempre: el poder material contante y sonante, como única medida de su realización y de su pertenencia al mundo que hoy añoran.
Por ello es fundamental la comprensión estratégica de la naturaleza de nuestros enemigos, para entender no sólo qué se proponen, que hoy está más que claro, sino cómo alistan sus fuerzas concurrentes y cuál es el margen de tiempo que tienen para ejecutar sus propósitos.
De los tres elementos que concurren en un análisis estratégico en manos de un Conductor: fuerza, espacio y tiempo, hoy es éste último, el tiempo, el factor primordial a tener en cuenta de aquí en más, en el devenir hacia la decisión del 2015.
El tiempo, el mismo que les juega en contra en la medida que transcurre y no logran ni debilitarnos como quisieran ni poder estructurarse ellos como una fuerza política acorde para enfrentarnos, ese mismo tiempo es el que debemos ganar en todo sentido, para afianzar, consolidar y profundizar el Proyecto que representamos.
Pareciera que, aunque en forma alegórica hasta ahora, volviera a repetirse la ecuación tiempo-sangre que nos planteara el Gral. Perón para describir los escenarios posibles de un proceso revolucionario. El siempre prefirió el tiempo para ahorrarle sangre al pueblo argentino, como explicara en relación a su retirada voluntaria y sin enfrentamientos en Setiembre de 1955. En cambio nuestros enemigos siempre eligieron la sangre, literal o simbólicamente hablando,  porque en el fondo el tiempo fue siempre aliado de los Pueblos y sus designios.
Ellos también lo saben y por eso van a apresurar sus operaciones de todo tipo y en todos los planos posibles, nacional e internacionalmente hablando, para desgastar, debilitar, luego cercar y por fin aislarnos ante cualquier horizonte de continuidad de este Proyecto de Nación. Nuestra mejor arma y fortaleza estratégica, por el contrario, es seguir avanzando para que los pilares fundamentales en los que basamos estos diez años de transformaciones, sean tan irreversibles a futuro, como todas las conquistas populares hechas carne en la historia de los argentinos. 

San Luis, Febrero de 2014