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Opinion
La Paquito. Apuntes sobre Francisco “Paco” Jamandreu

Lic. Pablo A. Vázquez
Académico de los Instituto Nacional Eva Perón
e Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas
Politólogo, Docente UNLZ y UCES, Miembros de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego

 

 

 

 

 

Moda. Farándula. Glamour. Divismo. Política. Peronismo. Identidad. Queer…  Nociones y términos que deparan percepciones diversas si las anclamos en un apellido con diminutivo propio: Paco Jamandreu.

Su origen vinculó localidad y fecha con aroma a Patria y Pueblo: nacido en el distrito bonaerense de 25 de Mayo en 1925 un lejano 17 de octubre.

Territorio de vascos lecheros y explotaciones agrícolas, su vida familiar con abuelos catalanes, padres criollos y tres hermanos compinches, poco lugar tuvieron para las ansias del protagonista que gustaba del radioteatro y las noticias de la farándula mientras garabateada sus primeros diseños escuchando tangos.

“El paso de la niñez a la adolescencia fue feroz”, escribió en sus memorias. Familia de dinero venida a menos. Poca aceptación del joven Jamandreu – mejor promedio de su curso - entre sus compañeros de colegio. Bajo, retacón y aislado por los demás, donde lo estigmatizaban con el grito recurrente: “Puto”.

No lo dudó: Buenos Aires fue su destino…

Paró en pensiones miserables donde – fascinado por sus vestidos - fue protegido por las “coperas” del Tabarís, Chantecler y Marabú. Su vinculación con el director de cine  Bayón Herrera le permitió acceder a Zully Moreno, Tilda Thamar, Paulina Singerman y demás actrices de la época que lucieron sus vestidos.

De allí a las revistas Mundo Argentino, El Hogar y Selecta, las tres de Editorial Haynes, con notas sobre moda y reproducción de sus diseños.

Los años ‘40 le fueron favorables en reconocimiento, a lo que sumó en 1942 su debut como vestuarista en la película Historia de crímenes y luego en la cinta El muerto falta a la cita, estrenada en 1944. Y en ascenso social, con su hogar propio en el exclusivo Billingurst y av. Santa Fe. Allí su vida cambió por un llamado: Eva Duarte.

Paco la visitó en su casa que estaba a pocas cuadras, donde – en su libro Memorias. La cabeza contra el suelo – la recordó así: “Me pareció altísima y muy desteñida. Me impresionó su piel desde el primer día: blanca, transparente, increíble. He conocido muy pocas mujeres con una piel semejante, como de marfil. Era rubia, de pasos largos y muy decididos. Usaba unos pantalones de satén gris plata, un chemisier celeste y zapatos blancos con grandes plataformas de corcho.
- “¡Que cache!”, pensé en mis adentros.
Su departamento me hizo acordar a las casas burguesas de mi pueblo. De entrada uno se topaba con un juego de comedor estilo 1940. No había detalles de buen gusto. Pero ella lo llenaba todo con su atracción. A los pocos minutos todo me pareció muy lindo, hasta sus pantalones de satén que nada tenía que ver con sus zapatos de corcho.
- He visto sus dibujos en Mundo Argentino - me dijo. Me gustan mucho. Ahora voy a precisar ropa para mi trabajo de actriz ¿me entiende? En cine, en teatro. Me tiene que crear un estilo. Por que voy a hacer cine, ¿sabes? Por otra parte necesito ropa sport, de calle, muy sencilla para mi trabajo con el coronel. Usted se imagina: concentraciones, colectas, visitas a barrios pobres, a hospitales. Usted me asesorará de todas maneras.
Me hizo pasar a un cuarto de vestir. Colgaban varios tapados de piel, largos, cortos, zorros plateados, zorros azules, nutrias. Me parecieron de pésimo gusto, pasados de moda.
Le hice ver que ese tipo de pieles eran para figuras de segundo orden, que estaban demodé. Se sonrió. Su sonrisa era cautivante, la iluminaba. Me pidió telas y dibujos.
Nos interrumpió Guillermina, una especie de mucama, ama de llaves, compañera que estuvo con ella muchos años:
- Señora: el coronel quiere ver al modisto.
Perón, recostado en la cama, comía sándwiches de chorizo y tomaba vino. Confieso que de entrada me deslumbro su gran simpatía, con su enorme sonrisa.
- ¿Así que vos sos el famoso Paco? Pero sos un pibe y haces modas para mujeres. Mira que te elegiste una muy difícil, ¿eh? ¿Que te parece? ¿Qué te parece Eva? Con ella podrás lucirte, ¿no es cierto?”
Sea exacto o con agregados de su imaginación con los años, lo cierto que esa sociedad Evita – Jamandreu fue muy fructífera pero con altibajos. Afirmó Jamandreu: “Yo vestí a Eva Perón al comienzo de mi carrera y al comienzo de la carrera política de ella. Después, durante algunos años no la vi. Comenzó a vestirse en París.”

Como afirmé años atrás en Clarín: “Supo llevar los modelos diseñados por Paco Jamandreu, en su etapa de actriz y en sus primeros años de primera dama, pero también los diseños de las casas exclusivas locales: Henriette, Bernarda y Paula Naletoff. O los trajes sastre de su modisto personal Luis D’Agostino. De esa manera, Eva empezó a constituirse simbólicamente como un ícono de la moda en paralelo a la construcción del nuevo país.
A eso se le sumaron los vestidos de gala que Evita utilizó para los homenajes oficiales en el Teatro Colón, por el 25 de mayo y el 9 de julio, confeccionados por los diseñadores Marcel Rochas y, sobre todo, por Christian Dior.
Si su decisión de mostrarse con vestidos de diseñadores argentinos – las citadas casas Henriette, Bernarda y Paula Naletoff – en su gira por el viejo continente como embajadora de la paz fue provocadora, más lo fue el duro trato recibido por las clases pudientes y la oposición. Ellos la consideraban tal como su forma de vestir: elegante pero poco sutil, impactante y de un lujo excesivo que contrastaba con su prédica a favor del desposeído.”
Los caminos de ambos fueron en paralelo y con varios roces. La joven actriz se destacó como líder política, compartiendo con Perón – en los hechos - la conducción del Peronismo y destacándose como algo más que la Primera dama de la Argentina.

Mientras Eva, en 1947, viajó a Europa en misión política en representación del país y apuntaló la obtención del voto femenino con la ley 13.010, para Jamandreu fue la consolidación de su carrera, sumar otro vestuario en la película El misterioso tío Silas y seguir encumbrándose en el mundo de la moda local.

1948 fue el año que, en el umbral de la Guerra Fría, dio a conocer masivamente a los escritores norteamericanos Truman Capote con Otras voces, otros ámbitos y a Gore Vidal con La ciudad y el pilar de sal. Sus novelas fueron pioneras en incorporar personajes gays y abordar explícitamente la homosexualidad. El propio Vidal años después se refirió a que su obra fue el “punto de partida de una nueva disciplina llamada “Estudios Queer”.

Y en las tierras orientales del antiguo enemigo de EE. UU la aparición de Confesiones de una máscara, del joven Yukio Mishima, tuvo un impacto similar abordando magistralmente la misma temática de los citados Capote y Vidal.

El mundo despertó de las imposiciones y se intentó expresar la sexualidad de los oprimidos por el machismo y patriciado.

El peronismo reconoció inicialmente esos derechos? Jamandreu fue un portavoz de esa lucha? No directamente, en ambos casos, pero el desarrollo de la justicia social e igualación de derechos durante el primer peronismo abrió grietas al sistema monolítico binario varón y mujer que, con las décadas, llevó a replantearse la visibilización de bi, gays, trans y lesbianas en cuanto sujeto de derechos.

A Jamandreu le ocurrió algo similar a Miguel de Molina, el artista español, fueron perseguidos por la moralina de la época – recordar el “escándalo” de los cadetes del Colegio Militar manteniendo relaciones con jóvenes del patriciado - previa al peronismo y “amablemente tolerados” por la cercanía de ambos a Evita.

Putos y peronistas, demasiado para la época!

Si el peronismo no explicitó el lugar para lo “diverso” a nivel sexual, fueron los opositores quienes, en las letras, identificaban la cuestión sexual “anormal” con el peronismo. Desde la lejana El Matadero de Esteba Echeverría, con la violación al unitario, se vinculó la cuestión de lo prohibido en materia sexual con la barbarie, sea federal, yrigoyenista o peronista.

Recordar Las leyes de la noche, de H. Murena, donde la protagonista Elsa escapa horrorizada del 17 de octubre y la turba, del peronista que intenta violarla, o de Elvira, la enfermera homosexual y también peronista. También Los años despiadados de David Viñas, donde Rubén, hijo de familia antiperonista es violado por unos obreros; o el cuento Un poco de bondad del citado Viñas donde encarcelados un opositor al peronismo y un homosexual peronista  debaten, uno con su silencio, el otro con sus epítetos, hasta que el propio gay es reprimido por la policía y es el mismo opositor quien da su único grito pidiendo cesar la golpiza con un: “Basta!”

Quizás la ficción sea más real que la propia realidad: en la película Eva Perón de 1996,  dirigida por Juan Carlos Desanzo y guión de José Pablo Feinmann, Paco Jamandreu - interpretado por Horacio Roca - le confesó a una agónica Evita: “ser puto en la Argentina es como ser pobre.”

Volviendo a Jamandreu, en los años ’50, amén de su mudanza a Callao 1159 de Buenos Aires,  sólo trabajó en el vestuario de dos películas Marihuana, de 1950, y Enigma de mujer, de 1956.

Se supo de una razzia, sufrida junto a un diseñador de sombreros donde la involucró a Evita, llamado por medio, para sacarlos del aprieto ante la policía, con palabras destempladas de la Dama de la Esperanza al modisto y su compañero. Los años del accionar de la Policía Federal con Velazco y Gamboa fueron duros para los gays…

En el medio sucedió, más allá de un último contacto con Evita mostrando diseños para un hipotético viaje de ésta, la muerte de ésta en 1952 y el golpe contra Perón de 1955.

Jamandreu, como otros relacionados al peronismo, tuvo su caída en desgracia. Aquel modisto de Eva, que le prefiguró su look, que escribió en el diario Conquista, del Partido Peronista Femenino, no quedó inmune al odio gorila.

Citó en un reportaje, rescatado por Pablo Hernández en Compañeros. Perfiles de la militancia peronista, que: “A partir de 1955 tuve miles de pleitos. Yo, que nunca supe lo que era un abogado ni un juez ni un oficial de justicia, comencé a frecuentarlos no estaba reparado para ese mundo. Además, quienes antes me tenían consideración, me hacían sentir el desprecio. La gente es muy mezquina. El nuevo gobierno quizás haya presentido que mi cara tenía algo de político. Pensaron que yo había lucrado con mi amistad con Eva Perón imaginaron que me había enriquecido. No era verdad. Nunca he vivido momentos tan obsesivos como en esa época que va desde 1956 a 1961. Fueron cinco años infernales.”

Recompuesto de la persecución se refugió en su atelier y atiendo a famosas e ignotas por igual. En materia de films su cercanía con Armando Bo e Isabel Sarli lo hacen asistir en el vestuario de La diosa impura y Lujuria tropical, ambas de 1964; La mujer del zapatero, de 1965; Días calientes, de 1966; Éxtasis tropical y Desnuda en la arena, ambas de 1969.

Mientras que Jamandreu se refugió en sus diseños, el cine camp de Bo y en los pechos turgentes de la Coca, otras voces, otros ámbitos – citando a Capote – dan lugar al replanteo de la cuestión queer en las letras nativas y de la problemática gay entre dictaduras y gobiernos civiles proscriptivos.

Manuel Puig, con su novela La traición de Rita Hayworth, de 1968 – sumada a su inédito La Tajada, guión previo a su primera novela, donde la protagonista Nélida Cuenca, una actriz en ascenso entre los años ’40 le pasan hechos similares que a Eva Duarte – revaloriza lo camp, la cursilería y lo melodramático se hacen estilo y desafío a la moral argentina de la época. A él se le sumarían los nombres de Copi, con Eva Perón, de 1969 – obra teatral en francés con su protagonista interpretada por un trasvertido -; y Leónidas Lamborghini, con su Eva Perón en la Hoguera, de 1972; También hay que sumar a Néstor Perlongher, con Evita vive, de 1989; y a César Aira, en Como me Hice Monja, de 1993.

En época de cambios, de luchas de descolonización y guerrilla urbana, de acciones por los derechos civiles, disputas por los derechos de la mujer y feminismo, la cuestión de la identidad sexual también estuvo en juego.

Dejada en un segundo plano en el Norte, será en el Sur una “contradicción secundaria”, donde la lucha contra Onganía y la camarilla militar obtuvo la mayor atención. Los grupos universitarios y de clase media que se incorporaban al peronismo desdeñaron mayormente estas cuestiones, y menos el tema de la homosexualidad.

“no somos putos, no somos faloperos, somos de FAR y Montoneros”: cántico que sintetiza parte, pero no todo, del espíritu de una época.

Mientras en Estados Unidos surgen grupos donde lo ambiguo, las drogas, el sadomasoquismo y lo transexual comulgan, como Velvet Underground, de la mano de Lou Reed, The Stooges, con Iggy Pop y The New York Dolls; y en Inglaterra se reconfigura en glam rock, con toques de camp y kirsch, con Marc Bolan y T. Rex, Roxy Music, y David Bowie como Ziggy Stardust, aquí la cosa se planteó en términos más políticos pero, a la vez, más pacatos.

Grupos beats, de rock y folk de “extraños de pelo largo”, adherentes al hippismo, que sufrían persecución de la policía y de la moralina local. Quizás lo más jugado fue su acercamiento al fenómeno del peronismo y el posible retorno de Perón, pero la misma no exenta de tensiones. Basta relatar la actitud de Luis Alberto Spinetta y Emilio Del Guercio, de Almendra, con su militancia peronista y adhesión inicial a JAEN (Juventud Argentina por la Emancipación Nacional), donde serán cuestionados por Rodolfo Galimberti  por su uso de marihuana y su libertad creativa. Igual suerte corrió Charly García y Nito Mestre con Sui Generis quien, siguiendo al espíritu de la época, tocó en un acto de apoyo al FREJULI en cancha de Argentino Juniors.

En cuanto a problematizar la cuestión gay la aparición del Frente de Liberación Homosexual. Teniendo como antecedente al Grupo Nuevo Mundo, se suman sectores homosexuales de militancia de izquierda y del peronismo con Manuel Puig, Juan José Sebreli, Blas Matamoro, Néstor Perlongher, Juan José Hernádez y Héctor Anabitarte, fundador del primer grupo citado.

Jamandreu no fue ajeno a todos estos movimientos pero su arte y la moda se imponían. En 1969 una muestra y desfile en la Rural en Buenos Aires lo catapultó nuevamente como inventor del gaucho look. En dicho año y el siguiente tiene un boom sus diseños en los Estados Unidos. “Sack’s me abre sus puertas.”

Fue la reivindicación a años de lucha personal que es esos años empezó a disfrutar. Sus reportajes con tapados de piel y altas plataformas, siendo parte de la farándula neoyorquina – con anécdotas con Mick Jagger que iba a comer a su departamento (que fue la primera vez que lo vi por TV en el programa Siglo XX Cambalache) – fueron la comidilla de la época.

Los ‘70 son alocados por su éxito nacional e internacional. La Dictadura lo ignora en la medida que se dedique a realizar desfiles y notas risueñas: que solamente actúe de Paco Jamandreu.

Recién en 1980 debuta como actor en Una viuda descocada de sus amados Bo y Sarli. El cine lo requirió años después en 1986 para actuar en la malograda Soy Paciente, nunca estrenada, mientras que en 1986 se le encomendó el vestuario de Amor de otoño, pero su muerte dejó trunca la labor.

En esos años se dedicó a recorrer el país con el desfile de homenaje a las divas del cine, incluyendo vestido blanco símil Dior de Evita, como gran final. Escribió su libro de memorias, que tuvo dos ediciones y el posterior Evita fuera del balcón. Su testimonio se incluyó en el film sobre Evita Quien quiera oír que oiga, del director Emilio Mignone.

Poco se sabe de su reacción por la primera Marcha del Orgullo Lésbico Gay en 1992, y que hoy las sucesivas manifestaciones concitan miles de personas entre el festejo y la reivindicación, que lo teien como referencia icónica.

Su muerte lo sorprendió el 9 de marzo de 1995.

Un año después, al venir Madonna a filmar la película Evita fue tentada por un asistente del fallecido Paco Jaumandreu quien le ofreció a Madonna varios trajes que vistió Eva Duarte. El hecho, que sorprendió gratamente a la estrella, no se si hubiese sido del agrado del modisto de eterno peluquín.

De su identidad sexual dio cuenta en sus memorias y reportajes. Aquel que afirmó en El Libertino que se cuidaba con crema de ordeñe y que en otra vida fue una prostituta centroamericana.

Poco se involucró en los movimientos de identidad homosexual, como los Gays por los Derechos Civiles y la Comunidad Homosexual Argentina, con el militante Carlos Jáuregui, aquel que tuvo contactos con la Renovación Peronista y otros sectores progresistas en la Capital Federal.

Hubo intentos de una obra de teatro por parte del diseñador y artista Roberto Piazza, y la iniciativa de Claudio Armesto (autor y director de Yo Jamandreu, Mi vida con Evita).

Los últimos años de gobierno kirchnerista resignificó la cultura peronista al tomar algunas de las bandera por la identidad sexual y sancionar la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad sexual.

En este marco surge la agrupación Putos Peronistas de La Matanza, con alcance nacional – estudiada su génesis en base a trabajo de campo y testimonios orales por Gerardo Médica y Néstor Ré -, los cuales tienen una fuerte visibilidad, con un grupo juvenil La Paquito y la instalación de un taller de costura y vestidos en la porteña  barracas, desarrollado por trans salidos de la prostitución, denominado como el famoso modisto de Eva.

Giros históricos y homenajes de la historia de un personaje estrechamente ligado a Eva Perón,  donde su simbología representa hoy, más que el glamour y sus diseños –  algunos de ellos diseñados a Evita Duarte, antes de cerca la Jefa Espiritual de La Nación, en el acervo del Museo Evita - que lo llevaron a la fama, la lucha por la identidad sexual y los derechos del los gays.

 

* Politólogo, Docente de la UCES y Miembro de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego.