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Opinion
Juana Azurduy: Amazona y Montonera

Lic. Pablo A. Vázquez
Académico de los Instituto Nacional Eva Perón
e Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas
Politólogo, Docente UNLZ y UCES, Miembros de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego















En las cercanías de la Chuquisaca universitaria, la antigua La Plata y actual Sucre, fue la ciudad de nacimiento de Juana, un 12 de julio de 1780. Año donde La Paz fue sitiada por Tupac Catari y Bartolina Sisa, en apoyo a Tupác Amaru.

Fue esposa del caudillo altoperuano Manuel Asencio Padilla, con el que combatió en la guerra de guerrillas contra los realistas. Obtuvo, por recomendación de Manuel Belgrano, el grado de teniente coronela y, después del asesinato de su esposo, continuó al frente de sus tropas hasta el fin de la lucha.
Se marchó a Salta a luchar con Martín Miguel de Güemes pero, a la muerte del general, volvió a su tierra. Si bien se entrevistó con el mariscal Antonio José de Sucre y el libertador Simón Bolívar, quien le otorgó una pensión, murió en la extrema pobreza.

Recientemente la presidenta Cristina Fernández de Kirchner la ascendió a generala y el presidente Evo Morales hizo lo propio como mariscala del Estado Plurinacional de Bolivia.

La Revolución de Chuquisaca primero y de Mayo luego la sumaron, con su esposo, como ferviente independentista.  Pacho O’ Donnell; en su fundamental obra sobre Azurduay, especificó: “Doña Juana, enfervorizada, recorre las tierras de Tarabuco convocando voluntarios para unirse a la lucha por la independencia y por la libertad. Su presencia en los ayllus era tan imponente, encabritada sobre su potro entero y apenas domado, haciendo entrechocar su sable contra la montura de plata potosina, enfundada en una chaqueta militar que lucía con un garbo varonil que la embellecía como mujer, tan absolutamente convencida de aquello que también convencía a Manuel Ascencio, que llegó a reunir a 10.000 soldados.
– Es la Pachamama – susurraban los indios, ilusionado de que si la seguían les sucederían cosas buenas”.
El 4 de marzo de 1814, en la batalla de Tarvita, Manuel Ascencio derrotó a los realistas, contando con Zárate para atacar el flaco derecho godo y Juana, con sus Husares, embistió contra el izquierdo.

Tal fue el daño que el propio jefe realista Pezuela ordenó una gran concentración de tropas para exterminar a los Padilla. Buscó Manuel Ascencio unir fuerzas con el caudillo Vicente Umaña, mientras Juana se refugiaba con sus hijos. Ambas acciones fueron trágicas… El primero fue derrotado cerca de Pomabamba y, posteriormente,  no logró el apoyo del jefe altoperuano. En el caso de Juana los escoltas huyeron y sus hijos varones cayeron gravemente enfermos. Manuelito y Mariano mueren. Sus hijas Mercedes y Juliana son capturadas, pero Juana, junto a Manuel Ascencio y Hualparrimachi las consiguen liberar, pero también, víctimas del paludismo, fallecen.

La guerra para los Padilla se volvió sin piedad. Umaña decidió eliminarlos. Manuel Ascencio y Juana, junto a Hualparrimachi y algunos más, deciden atacarlo. Lo derrotan en su región con ayuda de los flecheros guaraníes de Cumbay.
Lo mismo con los realistas que regresan a Tarvita. No hay tregua ni toman prisioneros.

El combate del Cerro de las Carretas, del 2 de agosto de 1814, es igual de sangriento. Allí, siendo un triunfo realista, ambos esposos luchan bravamente, salvándose Juana al ser defendida por Hualparrimachi, pero éste cae abatido.

Posteriores desinteligencias entre Manuel Ascencio y Zárate hicieron que Arenales reafirme el liderazgo de Padilla.
El realista Pezuela, si bien se van diezmando los caudillos altoperuanos, exige mayor ferocidad a los jefes realistas. Sin embargo los éxitos militares de Manuel Ascencio y Juana se suman, como en el caso de El Villar.

Escribió O’ Donnell: “– ¡Mueran los godos, viva el coronel Padilla! – gritó Juana Azurduy. Su aspecto era impresionante, sobre el caballo caracoleante y teñido de sudor blancuzco, su brazo en alto blandiendo triunfalmente la bandera, su chaqueta azul agrisada por el polvo y salpicada de sangre propia y ajena, flanqueada por sus partidarios que la vitoreaban emocionados y eufóricos”.

Esa acción le valió que Belgrano encomiende su ascenso a Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de La Plata, el cual le confirió el de teniente coronel de Milicias Partidarias de los Decididos del Perú.
También Belgrano destacó la labor en la batalla de coronel Manuel Ascencio Padilla, pero la notificación oficial llegó después de su muerte.


Tras el triunfo en Tinteros, y sabiendo de un pronto ataque realista, Manuel Ascencio se refugió en La Laguna. Pero una traición del bando de los Padilla posibilitó el triunfo realista el 13 de septiembre de 1816. Al día siguiente Padilla y el resto de sus fuerzas entró al Villar, pero fueron derrotados por un nuevo ataque godo.

El coronel Aguilera decapitó a Manuel Ascencio y a una amazona, creyendo que era Juana, quien logró escapar. Juana, toda de luto, impulsó la elección de un nuevo jefe. Este fue Jacinto Cueto y Esteban Fernández como segundo, comunicándose la novedad a Belgrano.

Juana, en tanto, se contacta con Martín Miguel de Güemes y planea recuperar la cabeza de su amado. En una violenta refriega logra recuperarla y realizó una ceremonia religiosa en su honor.
En el Chaco argentino, 8 años después, escribió a las “Juntas Provinciales” en búsqueda de ayuda. Sólo la encontró en la Salta de Güemes hasta la muerte del caudillo. Con mínima ayuda provincial, Juana regresó a Chuquisaca. Sólo obtuvo la devolución de una hacienda en Cullco por parte del gobierno boliviano.

Viviendo en la miseria, Simón Bolívar, José Antonio Sucre, el caudillo Lanza y otros la fueron a conocer, prometiéndole el Libertador una pensión.

Un intercambio epistolar entre Manuela Sáenz y Juana muestra el dolor de ésta por la situación política y como los antiguos enemigos hoy están del lado oficial…
Su hija Luisa contrajo matrimonio con Pedro Poveda Zuleta y se fue lejos.

A los 82 años, murió el 25 de mayo de 1862, en la casa nº 218 de la calle España de la actual Sucre.

* Politólogo; Docente de la UCES; Miembro de número de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego.