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Opinion
Ortega Peña: a 40 años de su asesinato

Lic. Pablo A. Vázquez
Académico de los Instituto Nacional Eva Perón
e Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas
Politólogo, Docente UNLZ y UCES, Miembros de los Institutos Nacionales Eva Perón, Rosas y Manuel Dorrego















Del esperanzador 1973 al funesto 1974: Las muertes de Perón, Jauretche y Hernández Arreghi se completaron con los asesinatos a Mugica, Ortega Peña y decenas de militantes silenciados por el plomo de la intolerancia.
Rodolfo Ortega Peña, del que se cumple un nuevo aniversario de su holocausto, nació en Buenos Aires un 12 de septiembre de 1935. Su inteligencia superlativa le permitió recibirse rápidamente de abogado, estudiar Filosofía y cursar Ciencias Económicas al mismo tiempo. Polemizó tanto con Julián Marías, como con Carlos Coscio, Córdova Iturburu, Leopoldo Marechal, Ernesto Sábato y Tulio Halperin Donghi.
De familia antiperonista, apoyo inicialmente el golpe cívico militar de 1955 para luego acercarse al frondicismo, militar en el PC y finalmente abrazar el peronismo.

 

Pero su encuentro con Eduardo Luis Duhalde fue decisivo. A partir de 1961 trabajarían juntos, sea en estudios jurídicos, representando a presos políticos, militando en espacios de resistencia, colaborando en publicaciones periódicas e investigando sobre “la otra historia.”

Sus trabajos Facundo y La Montonera, Baring Bother y la historia política argentina, El asesinato de Dorrego, Felipe Varela y el Imperio Británico, entre otros ratificaron su lugar en el pensamiento nacional, amén de ser éxito de ventas.
Es difícil separar a ambos actores políticos, tal como Sacco y Vanzeti, donde su obra historiográfica va de la mano con su militancia.

Sus textos en El Popular; su acercamiento a José María Rosa y al Instituto Juan Manuel de Rosas, donde publicarían artículos y conferencias en revista; la relación con sindicatos y con grupos de resistencia; hasta su experiencia en CONDOR bajo la dirección de Hernández Arregui, donde se relacionan  con el MNRT de Joe Baxter y José Luis Neill, quienes editaron en conjunto: El retorno de Perón (alienación y contrarrevolución de las izquierdas) de 1964; son mojones de una trayectoria sin concesiones.

La vuelta de Perón trajo un novedad a nivel político en la vida de Ortega Peña, pues fue nominado a integra la nómina de diputados nacionales por Capital Federal en la lista del FREJULI. La jura como legislador será recordada por siempre por su inmortal frase: “La sangre derramada no será negociada”.

El lanzamiento de la revista Militancia bajo su dirección y sus colaboraciones en De Frente fueron sus nuevas trincheras ante el avance lopezrreguista.

Sus acercamientos al Peronismo de Base, así como su separación del bloque mayoritario en un monobloque, o sus acuerdos con el FAS, marcaron las diferencias con el oficialismo ante los enfrentamientos entre derecha e izquierda dentro del peronismo.

Tras la muerte de Perón se perdió toda tolerancia ante las disidencias. López Rega dio la orden a la Triple A de eliminar a su enemigo número uno.

El 31 de julio de 1974 fue acribillado al salir de su estudio, siendo el primer asesinato reconocido de la AAA.
Los chacales festejaban mientras se enlutó la militancia.

Hace poco la CONABIP reeditó Baring Bother y la historia política argentina como merecido homenaje a su aporte historiográfico.
Murió peleando por sus ideas, reflejándose su legado en quienes sentimos que involucrase sirve para cambiar la realidad.